Una nueva forma de aprender y ¿de enseñar?
Publicado por Departamento TIC en 11th Diciembre 2009
Interesante artículo el que publica Chris Lehmann (Director de la “Science Leadership Academy” de Filadelfia) bajo el título “Shifting Ground” en el sitio web de la Asociación Nacional de Directores de Secundaria de Estados Unidos (si alguien conoce un sitio web similar en el que directores españoles compartan conocimiento, ideas y proyectos de forma pública, que lo comunique, por favor), en el que describe el contraste entre las nuevas formas de gestionar información de los estudiantes y las propuestas de aprendizaje que reciben en los centros educativos.
Dice Lehmann que “para la mayoría de los estudiantes, las herramientas y destrezas que emplean fuera de la escuela tienen escaso espacio en sus clases”. Y añade que a pesar de los esfuerzos por tener tecnología del siglo XXI en las escuelas, “no ha habido cambios significativos en la forma de aprender de los estudiantes en el entorno académico”.
Cita a Christensen (2008) – Disrupting class: How disruptive innovation will change the way the world learns -, quien aventura que en 2019 entre el 30% y el 80% de las actividades de aprendizaje tendrán lugar en línea y dice que la capacitación innovadora de la tecnología acabará cambiando la forma de aprender. Todos (padres, docentes, administración, estudiantes) tenemos que repensar nuestros supuestos sobre lo que los centros educativos y las clases pueden y deben ser.
Aunque no falte quien desee poner puertas al campo innovador (reservándose la patente de corso sobre qué es innovación), sabemos que lo más importante es potenciar, facilitar y dar soporte a su libre desarrollo, que con ese fin se ha celebrado el Año Europeo de la Innovación y la Creatividad. Como dice Tom Peters, según cita de Carmen Vallejo, la innovación es creatividad + imaginación, a lo que añade: “Recomiendo vehementemente la innovación constante como única vía para sobrevivir en un mercado altamente competitivo y sobre todo, globalizado”.
Un concepto que destaca Lehmann en su artículo es “empowerment“. Dice que quienes trabajamos en educación hablamos mucho sobre la motivación de los alumnos, algo que a veces se queda en introducir artificios para captar mejor su atención (pizarra digital, juegos multimedia), pero “what schools should strive for is student empowerment“, es decir, que el esfuerzo de los centros educativos debería estar dirigido a dar poder a los estudiantes para que tengan un rol activo en el aprendizaje. Y esto es aplicable a la formación de profesorado; no se trata de que los expertos transmitan mejor sus muchos conocimientos (la red está llena de contenidos y tutoriales), se trata de dar poder innovador a los docentes, de ofrecerles la tribuna para que expongan y compartan sus experiencias, de darles un rol activo que facilite su protagonismo y no verles como masa pasiva que necesita ser ilustrada.
Dice Lehmann que si para lo único que nos va a servir Internet es para entregar mejor los contenidos con unos objetivos predeterminados, estaremos repitiendo los errores de los años 60 cuando llegó la televisión y se pensaba que revolucionaría la educación. Porque el cambio innovador no está en la cantidad y calidad de los contenidos, sino en la innovación metodológica, en aprender y enseñar de forma diferente y más eficaz.
Como sociedad, necesitamos entender lo que las escuelas pueden ser y hacer si se hacen transparentes mediante el uso de las herramientas tecnológicas del siglo 21. El alfa y omega de la obtención de información no es sólo el maestro en la parte delantera del aula y la biblioteca de la escuela o la ciudad; con las nuevas tecnologías, tenemos sobreabundancia de información, las escuelas deben impulsar métodos y tareas de investigación que faciliten procesar la información necesaria para crear y exponer lo que han aprendido. El gran reto educativo es ayudar a los estudiantes a dar sentido al mundo actual que les rodea. Proporcionar contenidos es lo que siempre hemos hecho y no es suficiente:
“Schools must create ways for students to come together as a community to ask powerful questions and dare them to bring all of their talents to bear on real-world problems. With technology tools at their disposal, students can research, collaborate, create, present, and network in meaningful ways. Those activities blend and blur and cross boundaries, but they all stem from an inquiry-driven process that allows students to build knowledge with the help of a skillful teacher.”
Aprender y enseñar no es ya lo mismo. Como ha dicho Downes en comentario reciente al artículo “21st-Century Skills: Education Reform or Marketing Ploy?”:
Everywhere I look (save, perhaps, inside traditional schools, though there are numerous exceptions) the impact of modern technology has been more than a revolution. Nothing, it seems, is the same. From iPods to mobile phones, Facebook to MySpace, Smart boards to wireless mesh networks, binary arithmetic to logic and integrated circuits, the intellectual life of a child today is nothing like one of even a few years ago. We have gone from a three-channel universe to a million channels in less than a generation. How can anyone say there has been no revolution? How can anyone pretend learning is the same?


11th Diciembre 2009 a las 19:12
Este artículo es de llamar la atención. Vivir el parteaguas de la las herramientas tecnológicas, del interés de los estudiantes por lo nuevo, de los maestros por implementar estas nuevas tecnologías es, con mucho, por demás interesante.
Así podré decir a mis hijos en el futuro: ¡yo viví esa etapa!
Gracias.